Hay momentos en los que una imagen, una frase, un fragmento de libro, una película, una persona o una experiencia concreta nos sostiene. No siempre sabemos por qué, pero lo hace: nos ilumina, nos ancla, nos da fuerza. Este apartado recoge esos faros: destellos que, en algún momento, fueron una forma de orientación, de consuelo o de claridad para alguien. Si te apetece, puedes contribuir.
Un minitexto, una reflexión, una imagen, un pasaje de un libro, una idea que te marcó, que te acompaña o que te ilusiona. Puedes firmarlo o no. No hay exigencias: solo el deseo de construir un lugar compartido desde la sensibilidad.
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Faro 2- Háztelo fácil
Cuando el perfeccionismo o la autoexigencia me bloquean o me dificultan tomar decisiones, siempre pienso en un letrero en luces de neón con la frase: "Háztelo fácil".
Faro 1- Amor por la teoría que nos conecta a todos
Aquí comparto por qué Darwin y otros naturalistas se han convertido en faros personales que me inspiran y por qué considero la diversidad como una fortaleza de nuestra especie.
Un espacio donde encontrarás materiales descargables creados para acompañarte: herramientas prácticas, guías y reflexiones que pueden ayudarte a entenderte mejor y transitar ciertos momentos con más claridad.
Cuando la soledad duele
En este documento entenderás mejor por qué la soledad puede resultar tan dolorosa y cómo manejar ese dolor y reconectar con la esperanza.
Nuestros objetivos conscientes surgen, a menudo, como un intento de eliminar una incomodidad emocional mediante la aplicación de nuestras funciones ejecutivas (es decir, los procesos mentales que nos permiten planificar, priorizar, sostener el esfuerzo y organizar la acción).
Dicho de otro modo: los objetivos suelen ser intentos organizados de resolver un malestar interno. Por ejemplo, puedo decidir mejorar mi imagen física para lidiar con las emocionales desagradables que me produce no identificarme con mi imagen, no sentirme validada socialmente o la envidia que se me activa al compararme con personas que considero más atractivas.
Nuestros objetivos también pueden surgir de nuestro impulso natural hacia la autorrealización y el crecimiento. Como cuando tengo ganas de seguir aprendiendo y ser mejor profesional. Aunque, en general, el impulso a progresar y el deseo de dejar atrás el dolor se entremezclan en nuestras vidas y alimentan simultáneamente nuestras decisiones.
Sostener el rumbo
Es habitual que nuestros objetivos sean una combinación de aspectos racionales (como la planificación o la organización) y emocionales (como el deseo o la motivación). Esto, por sí mismo, no es problemático, sino una parte natural del proceso.
“El verdadero desafío aparece al tratar de mantener la constancia necesaria para lograr esos objetivos, ya que alcanzar cualquier meta implica atravesar períodos de incomodidad emocional”.
Durante estos periodos, suelen aparecer sensaciones desagradables ligadas a la ansiedad, las inseguridades y dudas y a la percepción de sacrificio. Además, nuestro organismo, en su búsqueda natural de equilibrio (homeostasis), nos empuja a regresar a estados anteriores más cómodos o conocidos, como cuando intenta recuperar su peso habitual después de una dieta. Aunque este malestar pueda ser intenso, suele merecer la pena sostener el esfuerzo, ya que alcanzar lo que nos proponemos genera satisfacción, aumenta la autoconfianza y favorece nuestro crecimiento personal.
Mantener el rumbo hacia nuestros objetivos no depende únicamente de tenerlos claros; requiere habilidades para gestionar nuestras emociones, capacidad de organización y tolerancia al malestar. Existen diversos factores que pueden dificultar lograr lo que planificamos, los cuales, además, suelen potenciarse mutuamente, creando círculos viciosos que aumentan la sensación de bloqueo y frustración. Algunos de estos factores son:
Dificultades relacionadas con las funciones ejecutivas
Ansiedad elevada
Patrones que generan conflicto entre ellos o que bloquean el avance:
Desesperanza: “No lo puedo lograr”
Exigencia y perfeccionismo: “O es perfecto o no vale”
Sentir y pensar que no se tiene la valía o la capacidad: “No valgo”, “No soy capaz de hacerlo”.
Autocrítica negativa.
Visión idealizada uno mismo, de las metas...
Lidiar con heridas emocionales, adicciones…
Situación vital que consume muchos recursos, falta de apoyo social…
Falta de un aprendizaje adecuado de las diferentes etapas del logro de objetivos.
Por lo tanto, es importante no caer en juicios rápidos, como culpar a la persona de falta de motivación o de debilidad y pereza. Tampoco ayudan mucho las soluciones simplistas. Superar algunos de estos bucles puede ser un auténtico reto, con sus bajadas y subidas, idas y venidas.
Funciones ejecutivas
Para algunas personas, esta dificultad para materializar los objetivos se manifiesta incluso en las tareas más cotidianas. Pueden vivir como un auténtico desafío gestionar su día a día debido a alteraciones en el funcionamiento de sus funciones ejecutivas. Estas dificultades pueden aparecer en personas neurodivergentes, pero también en quienes conviven con una ansiedad crónica, han sufrido experiencias traumáticas o, simplemente, no han desarrollado estas funciones plenamente.
Entre las dificultades más habituales ligadas a las funciones ejecutivas se encuentran:
Iniciar tareas, incluso cuando son importantes o deseadas, debido a una desconexión entre la intención y la activación.
Priorizar eficazmente, lo que genera una sensación constante de bloqueo o de urgencia mal distribuida.
Mantener la atención sostenida, haciendo que actividades largas, monótonas o emocionalmente neutras se vivan como inabordables.
Planificar de forma realista, ya que puede subestimarse el tiempo necesario, o sobrecargarse el calendario con compromisos difíciles de cumplir.
Sostener el esfuerzo, especialmente cuando no hay una gratificación inmediata o cuando aparece el aburrimiento o el malestar.
Regular la impulsividad, lo que lleva a interrumpir tareas ante cualquier estímulo más atractivo, o a evitar tareas incómodas incluso sabiendo que son necesarias.
Recordar lo que se quería hacer, por una alteración de la memoria de trabajo que obliga a depender de sistemas externos de apoyo (listas, recordatorios, alarmas).
Pasar de una tarea a otra sin quedarse atascados, algo que requiere flexibilidad mental y tolerancia a la frustración.
Estas dificultades no tienen que ver con una falta de interés, de esfuerzo o de capacidad intelectual. Son expresiones funcionales de una organización mental que prioriza otras vías de procesamiento y que, en contextos exigentes o poco flexibles, puede entrar en conflicto con las demandas externas.
Abordaje de las dificultades para alcanzar las metas
Como ya se ha mencionado, que una persona tenga dificultades para lograr sus objetivos puede deberse a diferentes motivos, así que una buena intervención puede requerir de diversas intervenciones:
Aprender a tolerar el malestar y regular emociones difíciles como la ansiedad, identificando mecanismos poco eficaces como la evitación o la preocupación excesiva.
Evaluar si hay dificultades en las funciones ejecutivas. En algunos casos, puede ser de ayuda la medicación específica, en otros será suficiente con el aprendizaje de pautas adecuadas para cada dificultad. Por ejemplo, apoyos si la memoria de trabajo está limitada.
Flexibilizar los patrones que generan dificultades, empezando por el de desesperanza. En bloqueos graves, es muy frecuente que haya aprendizajes previos de que no se puede conseguir lo que se desea, lo cual puede obstaculizar seriamente cualquier avance.
Equilibrar patrones como el de la exigencia con la necesidad de descanso y disfrute.
La sanación de heridas emocionales y el abordaje de los mecanismos de manejo del dolor que generan problemas, como las adicciones.
La potenciación de los recursos y fortalezas y la detección de las áreas en las que hay dificultades, y que podrían requerir del fortalecimiento de determinadas capacidades o la obtención de apoyos.
Aprender a diseñar y seguir un buen plan para lograr las metas personales, que empieza con la concreción de objetivos y requiere de herramientas para organizar, planificar, sostener las tareas incluso cuando hay baja motivación…
Resumen
No todas las personas parten del mismo punto, ni cuentan con las mismas condiciones internas o externas para avanzar hacia sus objetivos. Por eso, más que imponer modelos rígidos de productividad o éxito, necesitamos comprender cómo funciona cada persona, qué bloquea su avance y qué puede fortalecer su capacidad de sostener el rumbo. Una buena intervención no se limita a enseñar técnicas de organización, requiere identificar las raíces del bloqueo, trabajar con la regulación emocional, validar la complejidad del proceso y ofrecer herramientas realistas que se adapten al contexto de cada persona.
Para seguir profundizando en Organización y foco
Mindfulness
¿Qué es el mindfulness? Introducción a qué es el mindfulness, de dónde viene, en qué consiste su práctica y cómo iniciarse.
Como seres humanos, llevamos inscrito en nuestro ADN el impulso a avanzar. Tanto a nivel individual como colectivo, existe en nosotros una fuerza orientada hacia la superación, el crecimiento y la mejora. Este motor interno nos permite identificar oportunidades, evolucionar y adaptarnos, pero también puede generar una forma de insaciabilidad. Rara vez alcanzamos un estado de satisfacción si no aprendemos a disfrutar del proceso en sí: del camino, del reto, del aprendizaje continuo. Porque al alcanzar una meta, suele surgir enseguida el siguiente objetivo.
Cuando esta insaciabilidad no se regula, sus consecuencias trascienden lo personal. Alimenta dinámicas de sobreexplotación, conflictos de poder y agotamiento de recursos naturales. Se convierte en un impulso que, desbordado, genera daños a personas, sociedades y al planeta.
A su vez, a nivel individual y en un mundo hiperdemandante, hiperestimulante e hiperexigente, cada persona necesita hacer su propio trabajo interno para equilibrar las partes de sí que lo empujan hacia el logro constante con aquellas otras que anhelan relajación, disfrute y ausencia de malestar. Encontrar ese equilibrio no significa dejar de avanzar, sino aprender a hacerlo sin quedar atrapados en una insatisfactoria exigencia continua. De hecho, crecer es lograr más, pero también madurar como individuo, lo cual implica tener una vida con significado, buenas conexiones con los demás, un sentido y capacidad de disfrutar sanamente. A veces, estos aspectos pueden quedar relegados, y el crecimiento sólo enfocarse hacia lo que nos proporciona estatus, poder o dinero. Pero cuando el crecimiento se reduce a acumular logros visibles, a demostrar valor mediante estándares externos, pierde contacto con el proceso interno que le da sentido. No todo lo que suma prestigio nos enriquece por dentro, ni todo lo que se considera éxito nos aporta un auténtico bienestar.
Retos de un crecimiento saludable
Crecer sin agotarse exige algo más que fuerza de voluntad: implica mirar hacia dentro, detectar qué fuerzas internas me impulsan y cuáles me bloquean. No siempre es evidente lo que me limita, y muchas veces son patrones profundamente arraigados los que dificultan el avance. Estos son algunos de los retos que suelen aparecer en ese camino.
Conocerme y entender mis verdaderas motivaciones. A veces, el impulso hacia el logro nace de una herida profunda. Esto no tiene por qué ser negativo, pero sí requiere conciencia: entender qué busco realmente y qué parte de mí necesita ser reparada. Si lo que me impulsa es una herida como la de “no soy suficiente”, es probable que ningún logro me baste. Esta insatisfacción constante alimenta una autoexigencia que puede volverse tiránica y agotadora.
Equilibrar las distintas áreas de mi vida y atender mis diversas necesidades: cuidar mi bienestar físico y mental, reservar tiempo para el descanso y cultivar vínculos significativos.
Aprender a reconocer y regular la ansiedad y los miedos, en lugar de dejar que dirijan mis decisiones.
Trabajar en los patrones que me hacen sentir que no puedo, que es imposible o que no valgo. Estos patrones, arraigados en los aprendizajes implícitos y explícitos que he tenido a lo largo de mi vida, pueden paralizarme, generarme un fuerte conflicto interno, desgastarme emocionalmente o, simplemente, imposibilitar que logre lo que me propongo. El propio Van Gogh, que pese a sus dificultades fue un artista incuestionable, explicaba que dentro de él se libraba un combate entre “yo soy pintor” y “yo no soy pintor”. Del mismo modo, muchas veces nuestro crecimiento pasa por sostener esa tensión interna, tomar distancia de los pensamientos negativos, o, aún mejor, ablandar los patrones que más interfieren en mi avance.
Aprender a persistir en las etapas en las que la motivación disminuye, aumenta la tensión o surgen complicaciones.
Aprender a lidiar con las críticas negativas. Al iniciar un proyecto o mostrar algo propio, es habitual recibir mensajes desalentadores, tanto si los hemos solicitado como si llegan sin haberlos pedido. Muchas veces, las personas hablan desde su propia crítica interna, sus miedos, inseguridades o desde una visión del mundo que no tiene por qué ser más válida que la nuestra. Aprender a destilar las críticas constructivas, y a desechar las que no aportan, es una habilidad clave para sostener el rumbo.
Desarrollar las habilidades necesarias para lograr lo que quiero. No basta con desear o visualizar: necesito identificar qué capacidades me faltan y trabajar en ellas de forma progresiva y realista.
Crecer es un proceso que dura toda la vida. Puede sonar agotador, pero también es profundamente estimulante, sobre todo si logramos equilibrar nuestros diferentes aspectos, avanzar desde la conciencia (y no desde la reactividad), y aprender a hacerlo con firmeza cuando es necesario, pero también con cariño y una mirada amplia que no deje atrás lo más sutil de nuestra complejidad.
Van Gogh, citando a Charles-Augustin Sainte-Beuve, escribió:
“Hay en casi todos los hombres un poeta que murió joven y al que el hombre sobrevivió.”
Crecer también es no olvidar a ese poeta, a esa poetisa. No dejar que lo más sensible, lo más vivo, se marchite del todo bajo el peso de la exigencia.
Para seguir profundizando sobre el crecimiento saludable
El obstáculo es el camino. Entrada en la que reflexionamos sobre los orígenes de esta frase, las aportaciones de la psicología para enfrentar los obstáculos y las adversidades, y la importancia de recordar que somos seres interdependientes que nos podemos ayudar unos a otros.
En esta entrada reflexionamos sobre aquello que puede estar bloqueando el logro de nuestros objetivos, así como los primeros pasos que podemos dar para salir del bloqueo.
Aprendizajes clave relacionados con el crecimiento personal que se dan en los procesos terapéuticos.
Si estás viviendo una crisis emocional, una situación límite o necesitas orientación inmediata, no estás solo, no estás sola. Estos recursos están disponibles las 24 horas y son confidenciales:
Teléfono de la Esperanza
Apoyo emocional para personas en crisis o soledad.