Secciones
Organización y foco
Nuestros objetivos conscientes surgen, a menudo, como un intento de eliminar una incomodidad emocional mediante la aplicación de nuestras funciones ejecutivas (es decir, los procesos mentales que nos permiten planificar, priorizar, sostener el esfuerzo y organizar la acción).
Dicho de otro modo: los objetivos suelen ser intentos organizados de resolver un malestar interno. Por ejemplo, puedo decidir mejorar mi imagen física para lidiar con las emocionales desagradables que me produce no identificarme con mi imagen, no sentirme validada socialmente o la envidia que se me activa al compararme con personas que considero más atractivas.
Nuestros objetivos también pueden surgir de nuestro impulso natural hacia la autorrealización y el crecimiento. Como cuando tengo ganas de seguir aprendiendo y ser mejor profesional. Aunque, en general, el impulso a progresar y el deseo de dejar atrás el dolor se entremezclan en nuestras vidas y alimentan simultáneamente nuestras decisiones.
Es habitual que nuestros objetivos sean una combinación de aspectos racionales (como la planificación o la organización) y emocionales (como el deseo o la motivación). Esto, por sí mismo, no es problemático, sino una parte natural del proceso.
“El verdadero desafío aparece al tratar de mantener la constancia necesaria para lograr esos objetivos, ya que alcanzar cualquier meta implica atravesar períodos de incomodidad emocional”.
Durante estos periodos, suelen aparecer sensaciones desagradables ligadas a la ansiedad, las inseguridades y dudas y a la percepción de sacrificio. Además, nuestro organismo, en su búsqueda natural de equilibrio (homeostasis), nos empuja a regresar a estados anteriores más cómodos o conocidos, como cuando intenta recuperar su peso habitual después de una dieta. Aunque este malestar pueda ser intenso, suele merecer la pena sostener el esfuerzo, ya que alcanzar lo que nos proponemos genera satisfacción, aumenta la autoconfianza y favorece nuestro crecimiento personal.
Mantener el rumbo hacia nuestros objetivos no depende únicamente de tenerlos claros; requiere habilidades para gestionar nuestras emociones, capacidad de organización y tolerancia al malestar. Existen diversos factores que pueden dificultar lograr lo que planificamos, los cuales, además, suelen potenciarse mutuamente, creando círculos viciosos que aumentan la sensación de bloqueo y frustración. Algunos de estos factores son:
- Dificultades relacionadas con las funciones ejecutivas
- Ansiedad elevada
- Patrones que generan conflicto entre ellos o que bloquean el avance:
-
- Desesperanza: “No lo puedo lograr”
- Exigencia y perfeccionismo: “O es perfecto o no vale”
- Sentir y pensar que no se tiene la valía o la capacidad: “No valgo”, “No soy capaz de hacerlo”.
- Autocrítica negativa.
- Visión idealizada uno mismo, de las metas...
- Lidiar con heridas emocionales, adicciones…
- Situación vital que consume muchos recursos, falta de apoyo social…
- Falta de un aprendizaje adecuado de las diferentes etapas del logro de objetivos.
Por lo tanto, es importante no caer en juicios rápidos, como culpar a la persona de falta de motivación o de debilidad y pereza. Tampoco ayudan mucho las soluciones simplistas. Superar algunos de estos bucles puede ser un auténtico reto, con sus bajadas y subidas, idas y venidas.
Para algunas personas, esta dificultad para materializar los objetivos se manifiesta incluso en las tareas más cotidianas. Pueden vivir como un auténtico desafío gestionar su día a día debido a alteraciones en el funcionamiento de sus funciones ejecutivas. Estas dificultades pueden aparecer en personas neurodivergentes, pero también en quienes conviven con una ansiedad crónica, han sufrido experiencias traumáticas o, simplemente, no han desarrollado estas funciones plenamente.
Entre las dificultades más habituales ligadas a las funciones ejecutivas se encuentran:
- Iniciar tareas, incluso cuando son importantes o deseadas, debido a una desconexión entre la intención y la activación.
- Priorizar eficazmente, lo que genera una sensación constante de bloqueo o de urgencia mal distribuida.
- Mantener la atención sostenida, haciendo que actividades largas, monótonas o emocionalmente neutras se vivan como
inabordables. - Planificar de forma realista, ya que puede subestimarse el tiempo necesario, o sobrecargarse el calendario con compromisos
difíciles de cumplir. - Sostener el esfuerzo, especialmente cuando no hay una gratificación inmediata o cuando aparece el aburrimiento o el
malestar. - Regular la impulsividad, lo que lleva a interrumpir tareas ante cualquier estímulo más atractivo, o a evitar tareas incómodas
incluso sabiendo que son necesarias. - Recordar lo que se quería hacer, por una alteración de la memoria de trabajo que obliga a depender de sistemas externos de
apoyo (listas, recordatorios, alarmas). - Pasar de una tarea a otra sin quedarse atascados, algo que requiere flexibilidad mental y tolerancia a la frustración.
Estas dificultades no tienen que ver con una falta de interés, de esfuerzo o de capacidad intelectual. Son expresiones funcionales de una organización mental que prioriza otras vías de procesamiento y que, en contextos exigentes o poco flexibles, puede entrar en conflicto con las demandas externas.
Como ya se ha mencionado, que una persona tenga dificultades para lograr sus objetivos puede deberse a diferentes motivos, así que una buena intervención puede requerir de diversas intervenciones:
- Aprender a tolerar el malestar y regular emociones difíciles como la ansiedad, identificando mecanismos poco eficaces como
la evitación o la preocupación excesiva. - Evaluar si hay dificultades en las funciones ejecutivas. En algunos casos, puede ser de ayuda la medicación específica, en
otros será suficiente con el aprendizaje de pautas adecuadas para cada dificultad. Por ejemplo, apoyos si la memoria de trabajo
está limitada. - Flexibilizar los patrones que generan dificultades, empezando por el de desesperanza. En bloqueos graves, es muy frecuente que haya aprendizajes previos de que no se puede conseguir lo que se desea, lo cual puede obstaculizar seriamente cualquier
avance. - Equilibrar patrones como el de la exigencia con la necesidad de descanso y disfrute.
- La sanación de heridas emocionales y el abordaje de los mecanismos de manejo del dolor que generan problemas, como las
adicciones. - La potenciación de los recursos y fortalezas y la detección de las áreas en las que hay dificultades, y que podrían requerir del
fortalecimiento de determinadas capacidades o la obtención de apoyos. - Aprender a diseñar y seguir un buen plan para lograr las metas personales, que empieza con la concreción de objetivos y requiere de herramientas para organizar, planificar, sostener las tareas incluso cuando hay baja motivación…
Resumen
No todas las personas parten del mismo punto, ni cuentan con las mismas condiciones internas o externas para avanzar hacia sus objetivos. Por eso, más que imponer modelos rígidos de productividad o éxito, necesitamos comprender cómo funciona cada persona, qué bloquea su avance y qué puede fortalecer su capacidad de sostener el rumbo. Una buena intervención no se limita a enseñar técnicas de organización, requiere identificar las raíces del bloqueo, trabajar con la regulación emocional, validar la complejidad del proceso y ofrecer herramientas realistas que se adapten al contexto de cada persona.
Para seguir profundizando en Organización y foco
Mindfulness
- ¿Qué es el mindfulness? Introducción a qué es el mindfulness, de dónde viene, en qué consiste su práctica y cómo iniciarse.
- ¿Cómo empezar a practicar mindfulness?