Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma

Aunque suele citarse como si fuera literal, la frase “Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma” no aparece textualmente en la obra de Carl Jung, reconocido psicólogo suizo del siglo XX. Sin embargo, condensa con precisión el corazón de su pensamiento: aquello que excluimos de la conciencia no desaparece, sino que sigue actuando desde la sombra e influyendo en nuestra vida.
De algún modo, el impacto de aquello que rechazamos sigue considerándose uno de los núcleos del sufrimiento psicológico, aunque actualmente lo abordemos desde una conceptualización y un vocabulario distintos.
LA RAÍZ DEL SUFRIMIENTO: DE LA SOMBRA A LA EVITACIÓN EXPERIENCIAL
Hay dos ideas en la sentencia de Jung que hoy en día mantienen importancia dentro de la psicología, ya que conectan con ideas atemporales de la experiencia y el sufrimiento humano: la idea de lo inconsciente y la del rechazo.
En el pensamiento de Jung, la sombra representaba lo inconsciente, es decir las partes de nosotros mismos que operan fuera de la conciencia. Aunque el concepto de inconsciente ha perdido centralidad en la psicología moderna, su huella permanece aunque transformada.
Actualmente, lo que antes se atribuía a esa sombra se entiende a menudo como defensas, un término que como muchos otros en psicología se utiliza para referirse a fenómenos distintos pero interrelacionados:
- Los patrones o mecanismos que sirvieron a una persona para sobrevivir en contextos negativos pero que actualmente no le resultan útiles e incluso le generan dificultades.
- Los comportamientos, generalmente no deliberados, que entorpecen los procesos terapéuticos, y que la persona utiliza para no conectar con aquello que percibe como intolerable.
- Los mecanismos psicológicos que permiten evitar la conexión con lo traumático.
- Los mecanismos psicológicos que utilizamos para evitar el malestar en nuestro día a día, como la proyección, la negación, la minimización, la racionalización o la evitación.
La idea de negación también se conecta con uno de los conceptos estrella de la psicología actual, el de evitación experiencial, especialmente desde las terapias de tercera generación y los enfoques basados en el trauma.
La evitación experiencial es la estrategia que usamos para rechazar, suprimir o escapar activamente de cualquier pensamiento, emoción, sensación, recuerdo interno o impulso que nos resulte desagradable. Es decir, nos produzca miedo, rechazo, repulsión o active nuestros severos juicios internos. Y es uno de los factores clave en el mantenimiento de diversas problemáticas mentales.
LA MECÁNICA DE LA EVITACIÓN EXPERIENCIAL
Más allá de las escuelas, en la práctica clínica estamos habituados a manejarnos con el rechazo o miedo intenso que las personas que acuden a consulta sienten sobre diferentes aspectos tanto de la realidad exterior como de su propia experiencia interna.
Algunos puntos importantes sobre la evitación experiencial son los siguientes
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Negamos lo que aprendimos a rechazar. Que algo nos resulte inaceptable no lo convierte en negativo, sino en inadmisible para nosotros desde nuestros aprendizajes. Interiorizamos dogmas, etiquetas, juicios, sesgos, sobre qué es correcto y qué no es correcto sentir, pensar o hacer, que pueden producir un rechazo emocional a aquello que nos compone o se nos activa. Esto puede producir conflictos internos a veces muy enquistados y que consumen mucha energía.
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Negar no elimina, sólo oculta. Lo negado a menudo sigue teniendo un impacto y generando malestar.
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La negación puede ser reconocida o no. A menudo, la persona que niega está simplemente evitando el dolor que le produce la conexión con determinados aspectos de sí misma. Puede no haber una intencionalidad en mantener dichos aspectos apartados, y el rechazo o la evitación producirse de manera bastante automática.
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El mecanismo de la proyección. Es posible que proyectemos y ataquemos en otros aquello que no toleramos en nosotros. Esto conecta con la idea de la sombra de Jung.
Por lo tanto:
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Sin aceptación, se dificulta mucho el cambio. Nadie transforma algo que considera inexistente o que lucha por mantener fuera de su conciencia.
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Aceptar no es aprobar. La aceptación radical una potente habilidad a desarrollar, no implica resignación ni gusto por lo que ocurre, sino el reconocimiento de que existe y la intención de abrazarlo.
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La aceptación es un proceso. La aceptación no es un hito ni un destino final, sino un trabajo continuo de reconciliación con nosotros mismos y nuestra realidad. Es una actitud que cultivamos, pero que no necesariamente podemos aplicar totalmente. Pero está bien. Incluso aunque no logremos aceptar plenamente, intentarlo ya tiene un impacto positivo en nosotros.
LA ACEPTACIÓN COMO HABILIDAD TERAPÉUTICA
Las distintas escuelas han intentado explicar qué ocurre cuando rechazamos aspectos de nosotros mismos. La psicología del trauma y las terapias de tercera generación convergen en una idea clave: evitar sentir nos protege a corto plazo, pero nos limita a largo plazo y puede llegar a bloquear los avances terapéuticos.
1. LA EVITACIÓN EXPERIENCIAL DESDE EL ENFOQUE DEL TRAUMA
La esencia del trauma es el conflicto entre la intrusión de los recuerdos traumáticos y la evitación de los mismos. Para no sufrir al conectar con lo que no hemos podido integrar, intentamos mantener a distancia ciertas emociones, recuerdos, pensamientos o sensaciones, evitando todo aquello que por asociación podría actuar como un disparador de las intrusiones. Sin embargo, esa exclusión interna termina manteniendo e incluso empeorando la sintomatología traumática. La fobia a la experiencia interna mantiene abierta la herida cuyo dolor se está intentando no sentir.
Por el contrario, las terapias como el EMDR, que nos acercan a los recuerdos traumáticos en un contexto de seguridad y a un ritmo tolerable para nosotros, nos permiten procesar esos recuerdos y liberarnos de la sintomatología asociada a su activación. Así como transformar las creencias negativas asociadas sobre nosotros, nuestro futuro y el mundo, que nos están limitando y generando malestar.
2. LA ACEPTACIÓN DE LAS EMOCIONES COMO PASO FUNDAMENTAL PARA SU REGULACIÓN
Desde la psicología cognitivo-conductual, especialmente en las terapias de tercera generación, la aceptación deja de ser un ideal filosófico y se convierte en una habilidad práctica (y por lo tanto, entrenable), que supone un pilar para la regulación emocional.
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Concretamente, Marsha Linehan introdujo varios conceptos ligados al rechazo como problema y a la aceptación radical como una de las habilidades claves en el manejo de la desregulación emocional grave:
1. Para ella los problemas de regulación emocional graves se producen porque la persona tiene mayor sensibilidad emocional de lo habitual. Entendiendo sensibilidad como un umbral más bajo para que se activen las emociones, mayor intensidad de estas y más dificultad para volver a la calma. Pero sobre todo, porque ha interiorizado que no debería sentir como siente. Este rechazo a la propia manera de sentir de las personas sensibles se produce debido a la invalidación constante que han recibido de su entorno a lo largo de su vida: “eres un exagerado/a”, “todo te afecta”, “no deberías sentirte así”, "eres demasiado sensible", etc.
2. Lograr un buen manejo emocional requiere de la adquisición de determinadas habilidades que Linehan logró extraer de diferentes conocimientos, algunos tan antiguos como los asociados al budismo zen. Entre estas habilidades que Linehan nos anima a entrenar está la aceptación radical.
3. Su abordaje se denomina dialéctico conductual, precisamente porque para ella es importante esta visión de diálogo entre diferentes aspectos que pareciendo contrarios no lo son realmente, como la aceptación y el cambio. La aceptación y el cambio no sólo no son incompatibles, sino que la presencia de uno de ellos (la aceptación) es necesaria para que el otro se produzca (el cambio).
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David Barlow (Protocolo Unificado Transdiagnóstico). Este experto en ansiedad subraya algo fundamental muy similar a lo que ya nos enseñó Linehan: sentir con intensidad no es realmente el problema. Lo que acaba generando que la tendencia a sentir con más intensidad se convierta en una dificultad es juzgar nuestras emociones y acostumbrarnos a evitar aquello que podría activarlas al haberles cogido miedo. Su programa para la mejora de la regulación emocional, además de enseñarnos a conocer mejor nuestras emociones, entrenar la atención plena, detectar nuestras distorsiones cognitivas y ser más flexibles cognitivamente, nos ayuda a exponernos gradualmente a aquello que tememos. Cuando logramos exponernos a aquellas emociones que estábamos evitando es cuando mejoran lo que él denomina "trastornos emocionales".
Existen otras problemáticas en las que dejar de evitar y rechazar, y aproximarnos con curiosidad y sin juicio a nuestras experiencias internas son elementos centrales de la mejora, como ocurre con las adicciones y el TOC, pero abordarlos alargaría excesivamente esta entrada del blog.
Al final, la idea central hace décadas que se va desplegando: rechazar aspectos que nos constituyen en el presente, es algo que hemos aprendido a hacer para escapar de emociones que nos abrumaron. Probablemente, dadas las condiciones en las que nos desarrollamos y la intensidad del dolor que sentimos, no tuvimos la opción de hacerlo de manera diferente. Pero en el presente, sí tenemos otras posibilidades. Podemos acercarnos a todo aquello que nos constituye con curiosidad, amabilidad y amortiguando los juicios que se nos activan. Estimulando esta visión de nosotros mismos con paciencia, perseverancia y delicadeza, lograremos aliviar el sufrimiento y transformar aquello que ahora ya no nos sirve.
No podemos cambiar inmediatamente todo aquello que nos genera dificultades, pero sí podemos comprometernos desde este preciso instante en cultivar en adelante una mirada más amable que nos facilite la integración de lo vivido y el abrazo genuino de lo que nos constituye. Nos hayan mirado como nos hayan mirado, tenemos aún la posibilidad de elegir cómo vamos a mirarnos a nosotros mismos en adelante.
CUANDO EXISTE TRAUMA O DESREGULACIÓN GRAVE
Si has vivido experiencias traumáticas que te generan dificultades, puede ser necesario un abordaje psicológico mediante enfoques especializados en trauma, como el EMDR, que puede ayudarte a procesar los recuerdos para que realmente disminuya o desaparezca la sintomatología postraumática y no tengas que estar lidiando con ella.
Si lidias con desregulación emocional intensa, puede que necesites de un abordaje psicológico individualizado. Puede que sea necesario ir más allá de la adquisición de habilidades y además de la intervención psicológica requerir también de la prescripción de fármacos e incluso de intervenciones familiares o psicosociales.
Si la ansiedad está generándote dificultades o malestar , un enfoque como el de Barlow, gestionado por un profesional de la psicología puede darte muy buenos resultados. La ansiedad es necesaria, pero cuando se vuelve problemática puede causar limitaciones y sufrimiento. Por el contrario, mediante las intervenciones adecuadas, podemos recuperar mucho del espacio que el trastorno de ansiedad nos ha arrebatado.
Si estás en una situación de crisis y necesitas ayuda urgente, no estás solo, no estás sola. Aquí tienes algunos recursos de atención inmediata.