Qué son los pensamientos intrusivos

Denominamos pensamientos intrusivos a las imágenes, pensamientos o impulsos que llegan de manera automática e involuntaria a nuestra conciencia y que percibimos como no deseados. Habitualmente se experimentan como algo desagradable y negativo.
Desde un punto de vista psicológico, el problema no se da en general debido a los propios pensamientos o imágenes indeseados (todas las personas tenemos pensamientos negativos que preferiríamos no tener), sino cuando generan un rechazo intenso y se inician conductas contraproducentes como respuesta.
Si hay algo que puede generar un malestar intenso a una persona, es la lucha contra cualquier elemento de su mundo interno. De hecho, a menudo, los intentos de supresión de los pensamientos tienen efectos contraproducentes, provocando que estos se vuelvan aún más intrusivos e intensos.
La versión más extrema se da cuando algunos pensamientos llegan a percibirse como totalmente ajenos a uno/a mismo/a, incluso en forma de voces.
No podemos profundizar en esto ahora, pero no siempre que una persona siente que escucha voces en su cabeza, se debe a un trastorno psicótico. También puede ser la manifestación de lo que se ha denominado un trastorno disociativo, que surge como consecuencia de haber vivido experiencias traumáticas tempranas.
En la práctica clínica, también he visto a menudo la escucha de voces asociada a la presencia del trastorno obsesivo compulsivo (TOC).
En el TOC, la persona lucha contra pensamientos que no tolera, y que puede llegar a percibir como impuestos. A menudo quien lo sufre realiza acciones mentales o físicas (lo que se han denominado compulsiones) para aliviar el malestar que le producen esas obsesiones o para hacerlas desaparecer.
El TOC es la problemática mental en la que los pensamientos intrusivos son más característicos e insidiosos.
Tanto cuando se tiene un conflicto intenso con los propios pensamientos como cuando se escuchan voces, es importante buscar ayuda especializada, porque la intervención psicológica suele funcionar muy bien. En cambio, lo contrario, no intervenir, genera una gran interferencia, malestar intenso y consume mucha energía mental.
Para entender el impacto que una mala relación con nuestros pensamientos automáticos tiene, es habitual utilizar el ejercicio del oso polar.
EL EJERCICIO DEL OSO POLAR
Durante un minuto, piensa en un oso polar con todo lujo de detalles.
Durante otro minuto no pienses para nada en un oso polar y contabiliza las veces que no puedas evitar pensar en el oso (pensar en si se está pensando en un oso polar, ya cuenta).
Con este ejercicio, es fácil darse cuenta de lo complicado que se vuelve para una persona poner energía en evitar determinados pensamientos. Y lo contraproducente que resulta en realidad. Antes de proponerte no pensar en un oso polar, no pensabas en él en absoluto. Puede que llevaras incluso meses sin pensar en ningún tipo de oso.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DEL TOC
Hay que matizar que en ocasiones los pensamientos pueden estar señalando que realmente la persona quiere hacer algo que podría ser dañino para ella misma o para los demás.
Un ejemplo, son algunas parafilias. Cuando alguien tiene la preocupación de tener inclinaciones sexuales dañinas para otras personas, hay que discriminar si realmente quiere realizar la conducta, o si se ha obsesionado con el pensamiento de que podría tener esa preferencia sexual, o ha tenido alguna imagen sexual mental automática que le resulta intolerable.
En las personas con TOC, quien lo sufre no se obsesiona con esos pensamientos e imágenes porque realmente quiera llevarlos a cabo. El caso es que no desea hacer lo que teme desear hacer. Quién sufre de TOC se obsesiona por el temor a que ese deseo exista o porque considera intolerable que haya aparecido en su mente una imagen o un pensamiento que considera inmoral o repugnante.
Debido al temor a tener inclinaciones que rechaza frontalmente, ya que van en contra de sus valores, es por lo que desarrolla mecanismos de control sobre esos pensamientos o imágenes. En realidad, son los intentos de monitoreo y control los que provocan que aumenten los pensamientos e imágenes, lo que lleva a su vez a que aumenten los intentos de supresión… Es decir, se crea una retroalimentación entre las obsesiones y los intentos de controlarlas.
Cuando estamos ante un caso así, es necesario un diagnóstico diferencial que permita discriminar bien entre problemáticas.
También es importante tener en cuenta que las intrusiones pueden aparecer por otros motivos. Por ejemplo, los recuerdos traumáticos se pueden volver muy intrusivos, y la lucha de quien los sufre por no experimentarlos, puede generar que aparezcan con más intensidad y que no se procesen.
De hecho, las terapias en las que el terapeuta nos acompaña con esos recuerdos, como el EMDR, son las que nos permiten que nos “liberemos” de ellos. No es que desaparezcan de nuestra memoria, pero dejan de producirnos emociones intensas y quedan encajados de otra forma en nuestra biografía. Los asimilamos.
CONCLUSIÓN
En las producciones de nuestras mentes hay elementos que se dan de manera bastante automática. En el caso de los pensamientos, lo más problemático no son los pensamientos en sí (todos tenemos pensamientos negativos, desagradables y con los que no nos indentificamos), sino la relación que establecemos con esos pensamientos. Frente a los intentos de evitación y supresión, que suelen ser problemáticos, tenemos la alternativa de desarrollar una actitud mindfulness que les quite entidad y peso.
Aunque siempre es adecuado cultivar una actitud mindfulness, para algunas personas la relación con sus pensamientos es muy complicada, y entonces es importante pedir ayuda profesional. Es el caso de algunas personas que cumplen criterios para TOC o trastorno de estrés postraumático o trauma complejo, en los que además de cambiar la relación con los pensamientos, puede ser necesario recurrir a otros abordajes.