10 pasos para practicar la aceptación radical y aplicarla en tu día a día

Como ya comentamos en el artículo Qué es la aceptación radical , aceptar radicalmente no se logra de un día para otro. Es una habilidad que se entrena, igual que la regulación emocional, las habilidades sociales o la tolerancia al malestar.
Marsha Linehan propone varios pasos prácticos para ello. Si decides practicarlos, comprueba con curiosidad qué es más útil para ti. No tienes que forzar un paso que no encaje contigo.
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Observa cuándo te estás peleando con la realidad. Por ejemplo, diciéndote a ti mismo/a frases como: “No debería ser así”.
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Recuerda que la realidad desagradable sigue siendo realidad. Utiliza una afirmación que te conecte con lo que ha pasado, está pasando o inevitablemente sucederá (si es un resultado seguro, no algo que temes que ocurra): “Esto es lo que ha sucedido/lo que pasa/lo que pasará.
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Reconoce que toda situación tiene causas: algo condujo hasta este momento.
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Involucra todo tu ser en la aceptación: cuerpo, mente, respiración. Usa imágenes o gestos que acompañen el proceso. Puedes utilizar toda tu creatividad para ello.
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Actúa como si ya hubieras aceptado los hechos. Los comportamientos también ayudan a consolidar la aceptación.
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Enfrenta mentalmente aquello que parece inaceptable. Ensáyalo mediante imaginación compasiva.
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Siente tu cuerpo mientras piensas en lo que duele. Observa sin juzgar.
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Permite que surjan tristeza o desilusión; son parte natural de aceptar.
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Recuerda: la vida puede seguir teniendo sentido incluso cuando hay dolor.
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Valora los pros y contras de resistirte a aceptar.
¿QUÉ ES LO QUE PUEDES PRACTICAR ACEPTAR RADICALMENTE DESDE HOY?
1. Aceptar tu mundo interno
Aceptar radicalmente es dejar de pelearte con tus pensamientos, emociones, deseos, impulsos y recuerdos, incluso cuando no te gusten. Es decir, reconocer que se han generado, sin juzgarte por ello, observarlos con cierta distancia y dejarlos pasar.
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Pensamientos: aceptar tus pensamientos no significa darles veracidad, ni valor, ni considerar que te definen. Significa reconocer que han surgido, sin luchas. Esto es especialmente importante en el manejo de los pensamientos intrusivos.
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Emociones: aceptar una emoción no equivale a actuar según ella ni pensar que la realidad se ajusta a lo que la emoción parece indicarte. Puedes sentir miedo y hablar en público de todos modos; sentir enfado y no asumir que implica que la persona con la que se te ha activado ha querido atacarte. En ocasiones, lo mejor para ti puede ser incluso hacer lo contrario que lo que te pide la emoción.
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Recuerdos: reconocerlos sin evitarlos, buscando ayuda profesional si resultan abrumadores.
La aceptación interior es un proceso, no un hito. Es una actitud que cultivamos intencionadamente como manera de relacionarnos tanto con la realidad, como con los demás y con nuestro mundo interno.
2. Aceptar tu pasado
Reconciliarte con tus orígenes, tus experiencias y con los errores y decisiones propios o ajenos. No implica necesariamente perdonar ni aprobar, sino reconocer lo sucedido, aceptando que forma parte de tu historia, y extraer aprendizajes de ello si se puede.
Cuando aceptas que alguien te dañó, no estás teniendo un gesto positivo hacia esa persona; a quien realmente estás cuidando es a ti mismo/a. No significa tampoco que tengas que retomar la relación con esa persona, ni perdonarla, ni que apruebes de ninguna manera sus acciones. Cuando tratas de soltar, lo haces para que las acciones de esa persona no sigan perjudicándote.
Es importante puntualizar que las personas que han vivido experiencias traumáticas pueden requerir de ayuda en ese proceso. La esencia del trauma es precisamente la lucha para mantener apartados recuerdos que se experimentan como intolerables.
3. Aceptar tu realidad presente
Incluye aceptar lo que te parece injusto y aquello que tienes y que eres. Sin compararte con otros. O mejor dicho, aceptando que surge la comparación como un mecanismo natural de los seres sociales, pero sin dejarte arrastrar por ella.
Al final, la aceptación de la realidad consiste en una gestión amable de tu mundo interno. En devolverte con suavidad al camino que quieres seguir. No es algo de todo o nada. No basta con que te propongas aceptar para que lo logres, es una habilidad que se va fortaleciendo conforme la practicas, una actitud que quieres que ilumine tu manera de habitar el mundo.
4. Aceptar a los demás
Aceptar que las personas son como son (o como pueden ser), aunque no compartan tus valores o tu visión de las cosas; que no puedes pretender que ellos te vean como tú quieres que lo hagan (aunque puede influir cómo te muestras, la idea que se forman al final de ti es una construcción de su mente que tú no manejas).
Aceptar que los otros son como son, no significa que toleremos aquello que no queremos tolerar. Podemos (y debemos) poner límites, manifestar nuestras necesidades y mantener nuestra capacidad de decisión. Eso sí, tratando de no pelearnos con el hecho de que el mundo y los demás no se van a amoldar a nuestras preferencias ni van a ver las cosas como nosotros.
5. Aceptar las leyes de la vida
La enfermedad, la pérdida y la muerte forman parte del orden natural. Resistirnos a ello sólo aumenta de manera estéril nuestro sufrimiento.
Sin embargo, la aceptación radical implica también aceptar que aceptar nos cuesta, que surgen resistencias, aunque lo que más nos convenga sea aceptar las cosas tal y como son.
CONCLUSIÓN
La aceptación radical no consiste en resignarte, rendirte ni dejar de actuar si tienes posibilidades de hacerlo y merece la pena para ti.
Lo que buscamos al practicar la aceptación radical es dejar de malgastar energía y bienestar luchando contra aspectos de la realidad sobre los que no tenemos control o por los que no nos merece la pena movilizarnos.
A veces, aceptar la realidad, conlleva cierto dolor emocional, pero a menudo también es algo que se siente como una liberación e implica reducir el sufrimiento añadido que aparece cuando negamos, rechazamos o combatimos lo que no podemos cambiar (al menos por ahora).
A veces implicará reconocer una emoción, otras asumir una pérdida de alguien o algo valioso para nosotros, cerrar un capítulo, poner un límite o dejar de esperar que la realidad, los demás o tú mismo/a encajéis exactamente con lo que desearías.
No siempre aceptarás totalmente lo que ocurre, pero si estás cultivando tu intención de aprender a amar lo que te suceda, probablemente el estrés y el malestar se reduzcan. Hay un gran alivio en dejar de pelear aquello que no podemos ganar.
CUANDO EXISTEN PROBLEMAS DE SALUD MENTAL
Estas recomendaciones pueden ser útiles, pero cuando existe una problemática de salud mental significativa puede ser necesaria una evaluación e intervención especializada, e incluso multidisciplinar.
Es importante no minimizar la dificultad y el impacto que conllevan algunas problemáticas de salud mental, porque el reto, el desgaste y el malestar a los que se enfrenta la persona pueden ser muy intensos. Reducirlo a "soluciones fáciles" puede resultar insultante.
Los programas de Marsha Linehan, cuando se utilizan con personas con sintomatología difícil de manejar (que es para los que fueron creados), se utilizan como parte de un abordaje psicológico individualizado. No basta con plantearse aceptar radicalmente. Necesitan de apoyos y ayudas, y es importante que las reciban. El abordaje puede requerir de atención psicológica, pero también de la prescripción de fármacos e incluso de intervenciones psicosociales.
En caso de existir trauma, además de intervenciones centradas en el manejo, puede ser necesario un abordaje especializado en trauma, que puede incluir el procesamiento de los recuerdos traumáticos, como se hace en EMDR. El objetivo es que la persona no tenga que estar luchando siempre para gestionar la sintomatología, sino lograr una reducción significativa o incluso su desaparición.
Si estás en una situación de crisis y necesitas ayuda urgente, no estás solo, no estás sola. Aquí tienes algunos recursos de atención inmediata.