Invalidación emocional: qué es, ejemplos y por qué resulta tan dañiña

La invalidación emocional es la comunicación —explícita o implícita— a una persona de que sus emociones son inadecuadas o no importan, o incluso de que ella misma es inadecuada por sentir o expresar esas emociones, lo cual puede ser además castigado de diferentes maneras.
Comentarios como "Mira que eres sensible, todo te afecta", "¿Estás llorando por esa tontería?" o "No se te puede decir nada, todo te lo tomas a la tremenda" son ejemplos de invalidación emocional. También, cuando se le pide a alguien que llora que deje de hacerlo, las miradas de rechazo ante las expresiones emocionales, las amenazas o la retirada del cariño.
Esta invalidación emocional, sobre todo cuando es sostenida en el tiempo, tiene un impacto muy negativo en quien la recibe, ya que puede afectar a su autoestima, a su regulación emocional y a su manera de relacionarse con los demás.
Esto tiene todo el sentido: aunque las personas podemos decidir qué hacemos a partir de que sentimos una emoción, no podemos elegir que una emoción se active o no ante un estímulo ni tampoco la intensidad inicial de esa emoción. Es cierto que podemos regularlas, pero también que hay una parte automática y no deliberada. Por lo tanto, recibir críticas a lo que sentimos, dado que surge de una manera espontánea, puede dejarnos con una sensación de inadecuación.
Lo que la persona invalidada puede llegar a concluir es: "soy demasiado sensible", "hay algo malo en mí", "no debería sentir eso", "soy demasiado intensa", "me van a abandonar".
Imagina, por ejemplo, un niño tímido que crece en una familia de personas muy extrovertidas. Ante una situación social en la que el niño siente una vergüenza difícil de manejar para él, puede recibir comentarios del tipo: "¿Pero quieres hacer el favor de ir? ¿No ves lo fácil que es?", "Pareces tonto, pero si te están hablando bien...", "¿Tienes que hacer siempre lo mismo? Nos dejas mal".
¿Qué puede hacer ese niño en el que se ha activado una vergüenza intensa que le lleva a querer replegarse y esconderse, cuando su familia está minimizando, ridiculizando o incluso castigando algo que él no elige sentir? ¿Cómo se va a sentir consigo mismo cuando lo que le llega es que es inadecuado por comportarse así? ¿Le están enseñando a manejar esa vergüenza de una manera saludable, ofreciéndole aprendizajes adaptados a sus posibilidades actuales, o sólo están criticando su manera de sentir?
Cabe decir que, a menudo, la persona que invalida al otro no tiene malas intenciones al hacerlo. Realmente se siente incómodo/a ante las emociones del otro, se está contagiando emocionalmente, no sabe cómo gestionarlas o reaccionar ante ellas, repite mensajes que ha escuchado anteriormente incluso sobre sus propias emociones, o simplemente no las comprende o le parecen inadecuadas o desproporcionadas.
ORÍGENES DEL CONCEPTO
ANTECEDENTES A LA PROPUESTA DE MARSHA LINEHAN
Aunque Marsha Linehan fue quien desarrolló y difundió que introdujo el concepto entorno invalidante dentro de su teoría biosocial sobre el trastorno límite de la personalidad (TLP), algunos autores formularon previamente conceptos o ideas similares:
- Laing y Esterson describieron interacciones en las que las experiencias de los pacientes eran negadas o contradichas por sus padres.
- Carl Rogers postuló que muchos problemas psicológicos surgen cuando los padres brindan una aceptación condicional al niño y sólo lo consideran “valioso” si siente, piensa o actúa de cierto modo.
- Gregory Bateson describía patrones comunicativos en algunas familias en las que el niño recibía mensajes emocionales contradictorios o negadores de su realidad.
MARSHA LINEHAN Y LA INVALIDACIÓN EMOCIONAL
Marsha Linehan formuló una teoría que trataba de explicar por qué se producía la desregulación emocional severa y sus problemáticas asociadas en las personas que cumplían criterios diagnósticos para lo que se había denominado TLP. Personas que experimentaban un gran sufrimiento y que muchos terapeutas de la época consideraban intratables.
Para Linehan esta desregulación extrema se producía cuando se daban dos factores en una misma persona:
- Había una vulnerabilidad biológica de base: la persona era más sensible de lo habitual, entendiendo sensible como que era más fácil que se activara emocionalmente y dicha activación era más intensa, además de que necesitaba más tiempo para volver a la línea base.
- Esta persona había recibido a lo largo de su vida mucha invalidación emocional, especialmente por sus cuidadores (de ahí, que denominara ese entorno invalidante).
Como consecuencia de esta invalidación crónica, la persona, además de sentirse inadecuada, empezaba a invalidar también sus propias emociones, interiorizando los mensajes que estaba acostumbrada a recibir. Es decir, dejaba de fiarse de sus propias respuestas emocionales, a rechazarlas y a criticarlas severamente.
Esta invalidación emocional que la persona recibe e interioriza es muy dañina por varios motivos:
1- La persona invalidada repetidamente se avergüenza de sí misma, se siente inadecuada. Esto afecta profundamente a su autoestima.
2- Deja de fiarse de sus emociones, con lo cual queda privada de buena parte de la valiosa información que estas nos transmiten.
3- Si una persona no acepta sus emociones, y más aún cuando estas son intensas, difícilmente las va a poder regular sanamente. Probablemente oscilará entre intentar reprimirlas y dejarse ir con todo.
4- Su manera de relacionarse con los demás se va a ver profundamente afectada: la persona cuyas emociones se minimizan tendrá que “elevar” la intensidad de su expresión o el tipo de conductas mediante las cuales las manifiesta para hacerse oír; evitará una comunicación directa, ya que esta ha sido ridiculizada una y otra vez; pensará que sus relaciones no pueden ser saludables, que no es querible y se sentirá avergonzada e insegura al interactuar con los demás. También puede recurrir a camuflarse, a la evitación o a la supresión para no sentir unas emociones que vive como vergonzosas o intolerables.
La propia Marsha Linehan señaló que un entorno invalidante no tiene por qué ser ni abusivo ni cruel. Los padres pueden minimizar de maneras sutiles las emociones de sus hijos y hacerlo sin ninguna intención de dañarles. Probablemente, ellos mismos recibieron mensajes similares, que interiorizaron y normalizaron, y que creen que son una buena respuesta a la expresión emocional, o bien, al sentirse desregulados ante las emociones de sus hijos, no saben cómo ayudarles a regularse.
CONCLUSIÓN
Un ambiente invalidante sostenido en el tiempo puede tener repercusiones muy negativas para una persona, sobre todo si esta es sensible.
Todos podemos caer en invalidar a otros sin darnos cuenta y es muy probable que hayamos sido invalidados más de una vez. A menudo, no hay una mala intención en los mensajes invalidantes, es como la persona ha aprendido a tratar sus emociones y las de los demás, pero es importante aprender a detectar cuando somos invalidados y cuando estamos invalidando a otra persona sin querer. Podemos incluso esforzarnos en aprender a ser validantes, tanto con las otras personas como con nosotros mismos, lo cual es positivo para la persona validada, pero también para la relación y para el que es capaz de validar.