Qué son los límites en las relaciones interpersonales

"Los límites, lejos de lo que siempre nos han hecho creer, son un acto de amor hacia los demás. Cuando expresamos claramente lo que queremos y necesitamos en una relación, lo que estamos haciendo es facilitar a la otra persona el saber cómo actuar con nosotros para que nos sintamos cómodos y seguros y, así, poder mantener una relación sana y duradera." Alba Cardalda
LOS LÍMITES EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES
Cuando hablamos de límites interpersonales, nos referimos a todas aquellas percepciones, reglas y señales que contribuyen a que las personas conozcamos, respetemos y comuniquemos hasta dónde queremos llegar en los diferentes aspectos de las interacciones con los demás.
Al hablar de límites, podemos estar refiriéndonos a diferentes aspectos de estos topes que surgen al relacionarnos:
- Lo que siento que debo frenar al interactuar con alguien. Por ejemplo, cuando otra persona se aproxima mucho físicamente o me toca, puedo sentir la necesidad de recuperar mi espacio físico, que siento que se está invadiendo.
Incluso antes de tomar conciencia de lo que está sucediendo, mi cuerpo puede reaccionar ante la invasión de un límite.
- El reconocimiento de mis necesidades y de los topes en las relaciones con los demás. Para poder pasar de experimentar el límite a reconocerlo y darle un lugar, necesito saber escucharme y sentirme mínimamente legitimado/a para sentir lo que siento.
Que me sienta con derecho a la necesidad de límites depende de mis aprendizajes culturales, de mis características individuales y de mis experiencias de vida, sobre todo las tempranas que se dieron con mis cuidadores, pero no únicamente. Toda nuestra historia y nuestros aprendizajes influyen. Aprender ahora sobre límites, también influirá; sobre todo, si va seguido de práctica.
Por desgracia, socialmente no se ha promovido que las personas pongamos límites, ya que se consideraba algo egoísta que de algún modo desvirtuaba las relaciones importantes. Aunque en realidad, sea todo lo contrario, un acto de amor hacia las personas que me importan y hacia mí mismo/a, tal y como explica Alba Cardalda en su magnífico libro Cómo mandar a la mierda de manera educada.
Respecto a las características individuales, si, por ejemplo, soy una persona sensible, que he sido invalidado/a a lo largo de mi vida debido a mi manera de experimentar las emociones, quizá necesite poner más límites que otras personas. Pero al mismo tiempo, es posible que me sienta con menos derecho a hacerlo, ya que habré recibido continuamente mensajes de que no está bien sentir lo que siento: "Mira que eres sensible", "Todo te molesta", "Eres un/a exagerado/a".
- Las reglas que he establecido conmigo mismo/a respecto a mis topes. Que pueda establecer esas reglas, requiere que primero me haga consciente de hasta dónde quiero que lleguen las otras personas cuando se relacionan conmigo y que me permita sentir esa necesidad de poner topes sin juzgarme.
Si he aprendido que poner límites es inadecuado, egoísta o daña a otros, es probable que me juzgue por necesitar ponerlos, y por lo tanto, no llegue ni a establecer esas reglas internas acerca de lo que quiero permitir y lo que no.
Un ejemplo de regla interna es cuando decidido que no voy a hacer nada que vaya en contra de mis principios para contentar a los demás, por muy importante que alguien sea para mí.
- Las reglas que manifiesto a los demás. Un límite también se refiere al tope concreto que le pongo a una persona, ya sea verbalmente o no.
Por ejemplo, si alguien se me está acercado más allá de lo que yo tolero, puedo hacer un gesto que indique al otro que no me siento cómodo/a con esa distancia. Eso es un límite.
También puedo transmitir verbalmente mis límites. Es decir, puedo explicar al otro cómo me siento cuando percibo que se traspasan mis límites, o puedo incluso poner una regla y explicitar las consecuencias de la transgresión de la misma.
Algunos ejemplos:
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- Expresar lo que siento: "Cuando invalidas mis emociones me siento dolida".
- Expresar mis preferencias al respecto: "Me gustaría que respetaras mi manera de sentir las emociones y que no utilizaras ese lenguaje conmigo"
- Poner un tope claro e informar de las consecuencias de su transgresión: "Por mucho que aprecie nuestra relación, si sigues diciéndome que estoy loca por expresarte mi descontento cuando me invalidas, tendré que tomar distancia de ti."
Una de las partes más complicadas en relación a los límites interpersonales es pasar de ser consciente de las reglas que quiero en mis interacciones, a expresarlas y hacerlas valer de una manera efectiva, respetuosa y asertiva. Más adelante, hablaremos sobre ello en Psique Brava.
- Cómo se experimenta el límite de otra persona. Al hablar de límites también podemos estar refiriéndonos a la percepción e impacto sobre la persona que recibe un límite de alguien.
Primero se da la percepción del límite que otro nos está poniendo (puede llegarnos de diferentes maneras y ser más o menos explícito), y rápidamente reaccionamos emocionalmente a ese límite.
En general, aunque los límites son imprescindibles para que las relaciones sean saludables, lo que sentimos inmediatamente cuando notamos que alguien nos ha puesto un tope no suele ser agradable. Sin embargo, esta primera reacción emocional automática no tiene por qué definir cómo vamos a actuar en consecuencia.
Ante un límite, inicialmente podemos experimentar sensación de rechazo o inadecuación, de que hay algo malo en nosotros, de pérdida de control, vergüenza, de haber sido agredidos o despreciados e incluso de desamparo. Todo esto aunque la persona que nos pone el límite nos quiera y no tenga para nada la intención de herirnos.
Para todos es muy delicado el tema de los límites, tanto para el que los pone como para el que los recibe.
Estas reacciones emocionales ante los límites pueden ser muy intensas y llevarnos a comportamientos de ataque al otro y/o que dañen la relación. Sin embargo, tenemos la posibilidad de gestionar esas reacciones emocionales para no actuar sin agredir al otro. Incluso podemos lograr todo lo contrario, que se sienta visto/a y seguro/a en la relación.
Pero una buena gestión de los límites puede no resultar fácil: requiere de autoconciencia, autorregulación y habilidades de comunicación. Tenemos que ser capaces de no perder de vista a la otra persona, incluso en una situación en la que podemos sentirnos vulnerables, heridos y activados emocionalmente.
Con el tiempo, cuando aprendemos a respetar nuestros propios límites, nos es más fácil respetar también los de los demás. Incluso, en ocasiones, podremos ver lo positivo que es que alguien querido nos exprese esos topes. Puede significar precisamente que nos aprecia, aprecia la relación y se siente con la confianza para verbalizar algo que no es fácil de expresar.
En cómo alguien recibe un límite, por supuesto también tiene un gran impacto cómo se lo ha expresado la persona que necesitaba manifestarlo. Cómo poner límites de manera asertiva, sin atacar al otro, también es algo que abordaremos más adelante.
Sin duda, estamos ante uno de los aspectos cruciales de las relaciones con los demás y de la propia relación con uno/a mismo/a. Uno de los primeros pasos para lograr respetar los límites de los demás, es comprender que, aunque en muchas cosas somos parecidos, cada persona siente las cosas de una manera diferente. Y que eso está bien.
También es importante recordar que, aunque alguien nos importe mucho, podemos estar ciegos a su experiencia si no existe una buena capacidad de comunicación por ambas partes, especialmente cuando nos sentimos heridos, vulnerables o activados emocionalmente. Vamos a tener que trabajar en no perder de vista a las personas que nos importan, tanto cuando les ponemos límites como cuando ellas nos los ponen a nosotros.
En cualquier caso, afortunadamente, siempre tenemos la capacidad de seguir aprendiendo sobre límites para cuidar tanto de nosotros mismos como de aquellos que elegimos que permanezcan a nuestro lado.